• Mario Alberto Gonzalez Robert

Ucrania

Estaba quedándome en Cracovia durante unos meses y al llegar el tercero comencé a pensar en moverme a otra parte pero aún no estaba seguro de donde, fue ahí cuando se me ocurrió Ucrania.


Busqué la información relacionada con la visa así como los medios de transporte más baratos para poder entrar al país y las ciudades que me interesaría conocer a lo cual concluí que la manera más fácil y barata sería tomar un tren nocturno que sale en la tarde directamente desde Cracovia llegando la mañana del día siguiente a Lviv en Ucrania, cerca de la frontera y ciudad que había leído que era muy bonita y vale la pena conocer, de ahí me movería a Odessa para ver el mar y luego a Kiev para finalmente regresar a Lviv y tomar el mismo tren de regreso a Cracovia.


Ese día, al subir al tren busqué mi cabina de segunda clase la cual era muy pequeña, con cuatro camas una sobre la otra como literas que más bien parecían cajones en las que se podía girar máximo la mitad del cuerpo antes de caer al precipicio. Por suerte me tocó compartir con una familia polaca con un hijo como de ocho años bastante bien portado por lo que realmente el único problema fue el calor humano brutal que acumulábamos pues lo peor fue que llegué al último y me tocó la cama de hasta arriba.


Pensé que al menos, al ser un viaje de noche, podría dormir y pasarlo sin darme cuenta de nada, pero no había tomado en cuenta que, al llegar a la frontera, primero la guardia fronteriza polaca entra rápidamente a tocar todas las puertas y revisar documentos de todos los pasajeros, pero luego de eso, el tren se detiene como por hora y media para que ahora la guardia fronteriza ucraniana suba a tocar varias veces todas las puertas, pidiendo pasaportes y visas, preguntando motivos de visita, inspeccionando cabinas con linternas y hasta con perros, aparte de los fuertes ruidos y movimientos un poco bruscos que hace el tren por razones que no conocía hasta que alguien me contó que Ucrania tiene las vías del tren a una medida diferente al resto de Europa para dificultar el paso, por razones estratégicas de cuando la Unión Soviética, por lo que deben hacer casi todo un cambio de las ruedas de los vagones para poder continuar el viaje. Entonces, dormir durante el viaje, pues realmente no.


Al llegar a la estación de Lviv bajé del tren con bastante energía por el entusiasmo de estar en un país nuevo, caminé hacia donde iba toda la gente para pasar por los túneles que conectan las líneas de tren con el vestíbulo de la estación y justo al bajar la escalera me pasa una de las cosas acerca de las que había leído en guías turísticas para tener cuidado de no ser engañado, un tipo militar (милиция) me detiene al ver que obviamente no parezco ucraniano y me pide mi pasaporte, se lo di y me empezó a preguntar algo en ruso a lo que le hice entender que no comprendía, luego dijo “tourist? Student?” a lo que respondí que era turista, se quedó pensando, me observó de arriba abajo y al no encontrar nada sospechoso con lo que me pudiera sacar dinero, pues es lo que al parecer normalmente quieren llegar con los turistas, me regresó mi pasaporte y se dio la vuelta. Justo al subir las escaleras para salir del túnel a la estación, me detuvo otro militsia exactamente de la misma manera.


Estando ahí pensé en aprovechar para comprar mi boleto de tren a Odessa así es que busqué entre las taquillas la que atiende a extranjeros pues allá los ucranianos compran los boletos en una ventanilla diferente a los que venimos de fuera. De esto también había leído en internet porque si te formas en la fila de los ucranianos, puedes perder media hora para que al final te manden a formarte a la otra ventanilla. Pues al ver que todo estaba en ruso y ningún letrero en inglés o ni siquiera en el alfabeto latín, acabé formándome en la fila equivocada y perdiendo exactamente media hora.


Al llegar a la ventanilla adecuada, me sorprendió que no hablaran inglés ni en la sección para extranjeros. Llevaba mi ipod con el nombre de la ciudad, horario y tren que quería tomar escrito en cirílico en las Notas, para poder enseñarle a la señorita y no tener problemas con el idioma. Ella buscó rápidamente el tren en su sistema y luego me pidió mi pasaporte, se lo di para que pudiera anotar mi nombre en el boleto, pues así lo hacen en Ucrania, pero como mi pasaporte está en alfabeto latín en español, no entendía bien cuál era mi nombre y mis apellidos pues no sabía leer nuestro alfabeto. Le indiqué cual era cual con señas y lo empezó a escribir lentamente ya que tuvo que sacar una hoja con un pequeño esquema del teclado con la posición de los caracteres latinos en relación a su teclado en cirílico, al final le tomó como quince minutos venderme el boleto con lo que aprendí que tendría que estar en la estación un buen tiempo antes de mi tren.


De ahí me dirigí al hostal cuya dirección fue fácil de encontrar pero no el mismo pues era un edificio de departamentos como cualquier otro con apenas un pequeño letrero en la esquina superior de una ventana con el nombre. Al entrar al edificio parecía que me estaba metiendo a las casas de alguien más pero ya que lo encontré, el hostal estaba bastante bien.

El resto del día lo aproveché para pasear, Lviv es una ciudad muy bonita con un aire muy polaco pues fue parte de Polonia varias veces, parecida un poco a Cracovia.

En eso decidí contactar gente por la página de couchsurfing. Puse mi aviso en el foro de que viajaba solo y quería pasear ya fuera con alguien local o no, al que después de poco tiempo me contestó una chica rusa que también estaba de paseo y quedamos de vernos en el centro. Nos conocimos, fuimos a dar una vuelta y me dijo que a ella también la había contactado gente de couchsurfing, eran locales y habían quedado de mostrarle la ciudad por lo que fui con ella y nos juntamos todos en grupo. Al final éramos dos ucranianos, dos polacas, la rusa y yo, todos eran buenísima onda y nos llevaron a conocer lugares que normalmente me hubiera perdido si hubiera estado solo, uno de ellos un cerro con una antena de televisión donde la gente suele hacer picnics o fiestas. Pasé con ellos todos los días que estuve en Lviv tanto de mi primera visita como de la segunda cuando iba de regreso a Polonia y en esta ocasión uno de ellos me hospedó en su casa.


En esa segunda visita, me encontré con los ucranianos, que vivían ahí, y un grupo diferente de personas entre los que estaban un canadiense, dos ucranianas y una francesa, tres de ellos compañeros de departamento. En mi último día, pasamos un rato agradable en un parque y de ahí se les ocurrió ir a su departamento a cocinar una pizza. El departamento tenía un pequeño balcón conectado a la cocina en donde en la tarde salimos con una botellita de shampoo para hacer burbujas y uno de los ucranianos con su cámara réflex a tomar fotos, bromear y pasarla bien. Una de las cosas que nunca se me va a olvidar fue cuando a la luz del atardecer, nos sentamos todos en el suelo del balcón, riendo y pasándola bien, cuando el canadiense voltea con un brillo especial en los ojos y me dice “¿sabes? Esto es de lo que se trata la vida, de pequeños momentos como este”.


Globo aerostático en Lviv, Ucrania

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