• Mario Alberto Gonzalez Robert

Suecia

Llegando a Suecia fui recibido por mi anfitriona cuyo nombre no pude pronunciar al principio pues sonaba completamente diferente a como yo lo leería, pero de todas maneras lo aprendió rápido.

Llegó con otra chica un poco más joven que yo quien venía de Manchester y se había quedado como voluntaria también. Íbamos platicando en el camino a casa cuando de repente se atravesó un venado justo enfrente de nosotros en la carretera, haciendo que mi anfitriona frenara fuertemente y que todos nos sobresaltáramos. Afortunadamente no le pegamos. Después de eso fuimos platicando de lo importante que es ir atento al camino cuando vas manejando por el bosque.

Una vez que llegamos a la casa pude darme cuenta de que era realmente más como una pequeña comunidad con un grupo de grandes y pequeños edificios y muchísimas cosas interesantes regadas por todas partes. Durante una de mis exploraciones en sus jardines encontré hasta una espada katana. Tenían una gran estructura de metal la cual llamaban el gimnasio, que había sido construida por el esposo de mi anfitriona, de quien todo mundo se burlaba diciendo que nunca la había usado. También encontré una gran pila de arena, les pregunté por qué estaba ahí y me dijeron que habían organizado, durante el verano, un festival para sus amigos donde habían hecho talleres de escultura con arena y después de eso decidieron dejarla ahí para el futuro.

Durante mi estancia llegue a conocer a otros miembros de la familia así como amigos que se quedaban ahí por un largo tiempo o que venían de paso unos días. Se visitaban casi todos los días por lo que era como sí todos vivieran en la misma casa.

Los primeros días me tocó dormir en un cuarto del primer piso de una casita cuya planta baja la usaban como taller. Tenía solo una cama cómoda, una ventana y algunas velas pues no había electricidad. Todo estuvo bastante bien a excepción de una noche cuando me despertó un ruido y descubrí un insecto enorme parecido a una mantis, parado en el techo justo encima de mi lo cual me asustó un poco pero lo que hice fue simplemente tomar una playera y aventar al insecto hacia el hoyo de la escalera para que se fuera al piso de abajo con lo cual ya no lo tenía a la vista y pude volver a dormir a gusto. Luego me mudé al cuarto en el que se había quedado la inglesa el cual estaba en una mini casita que pertenecía a uno de los amigos de la familia que normalmente se queda ahí cuando no esta viajando por el trabajo. Ese tipo de casa me pareció genial pues era muy acogedora y pequeña pero tenía todo lo necesario para vivir cómodamente, algún día me gustaría tener una.

Unos días antes de que se fuera la inglesa, nos ofreció una fiesta de té, con una gran variedad de pastelitos y dulces así como té y café, todo arreglado de una manera bastante elegante con ayuda de nuestra anfitriona, improvisando con cualquier adorno que se le ocurría para decorar. La fiesta fue todo un éxito, lo disfrutamos bastante todos juntos y comimos como locos.

Mi anfitriona es una artista que hace principalmente escultura en diferentes medios, una de sus especialidades es la escultura en hielo aunque también vi algunas que había hecho en mármol y otros tipos de piedras al igual que de alambre y tela para hacer disfraces. Le ayudé un día a avanzar con unos disfraces de moomins que le habían pedido para una obra y que cuando me los enseñó me dejó apantallado por su calidad.

También un día me llevó a Estocolmo a conocer un bar de hielo que ella había ayudado a construir y había creado algunas esculturas para decorarlo y me contó de un proyecto que tenía para ese invierno en el que iban a construir entre ella y varios artistas, una iglesia de hielo en el norte de Suecia.

Estábamos hablando de música y mostrándonos canciones que nos gustan en youtube cuando se le ocurrió decirme que debería de aprender a tocar el ukulele, que es el mejor instrumento para un viajero por su tamaño. Ella quería comprarse uno y casi me convence a mí también, aunque ya que vi los precios, me di cuenta de que estaba por encima de mi presupuesto. Al final ella sí se compró el suyo y empezó a aprender a tocarlo. Su esposo ya sabía usarlo bastante bien y solían ponerse a tocar mientras ella cantaba.

Un día mi anfitriona me ofreció llevarme a Estocolmo pues tenía una cita de trabajo por allá lo cual me dejaría con unas cuantas horas para dar la vuelta y conocer. Antes de ir me preguntó si había algo que quisiera ver en especial, yo dije que me interesaba saber si había museos que tuvieran barcos vikingos reales. Me respondió que en Suecia los vikingos no era tan grandes marineros como en Noruega por lo que no había ningún barco de ese tipo, pero si me interesaba esa podía ir al museo del Vasa, un barco enorme del siglo XVII que se hundió casi al mismo tiempo que lo pusieron a flote por primera vez y fue recuperado en el siglo XX un 98% intacto. Quedé impresionado con eso por lo que decidí ir a verlo y definitivamente valió la pena.

Después del musei me quedaron algunas horas para caminar por la isla de Djurgården donde hay muchos otros museos como el Skansen, el museo de Abba y el Junibacken, donde se pueden encontrar muchos personajes de la literatura infantil, principalmente de la autora sueca Astrid Lindgren y su famoso personaje de Pippi Longstocking.

Algunas veces me quedaba en casa sin que me dieran ninguna tarea a realizar. Uno de esos días, después de haber afilado un montón de gubias el día anterior, mi anfitriona se fue a dar un pequeño taller de escultura en hielo y me ofreció guardarme un bloque para que pudiera probar la escultura. Todos se fueron en la mañana y parte de la tarde por lo que me dejaron ahí libre para hacer mi escultura. Me gustó mucho la experiencia ya que se siente muy suave el corte de las gubias super afiladas contra el hielo y no fue muy difícil, solamente había que hacer los cortes con seguridad y rapidez pues el hielo se derrite, aunque yo pensé que lo haría mucho más rápido de lo que realmente fue pues todavía quedaba hielo hasta esa noche.

Los hijos de mi anfitriona organizaron un día, con la ayuda de amigos, un taller gratuito de danza y me invitaron. Me la pasé muy bien intentando seguir los pasos de los distintos estilos de baile que nos ponían los instructores. Unas de ellas estaban enseñando a hacer twerking y me dio mucha risa cuando sólo quedábamos uno de los hijos y yo, lado a lado intentado torpemente hacerlo.

Toda la familia era muy creativa y espontánea, un día se les ocurrió organizar una cena en la que todos se vestirían elegantemente y prepararían su mejor platillo para que todos pudiéramos probarlo. Yo le ayudé a mi anfitriona con el suyo y esa noche acabamos cenando 16 deliciosos platillos diferentes mientras platicábamos, bromeábamos y hasta cantábamos en la mesa.

También adoptaron un cachorro border collie para que la perra de la misma raza que tenían tuviera compañía. La perrita era lo más adorable del mundo y le encantaba morder todo, especialmente los zapatos. Un día olvidé poner mis chanclas en algún lugar alto y las encontré al día siguiente todas llenas de marcas de dientes y medio rotas.

Fuimos al bosque con las dos perras para pasearlas, un lugar verdaderamente hermoso, y la cachorrita me daba mucha risa pues corría y desaparecía entre los pequeños montículos de musgo y arbustos, a veces chocando contra ellos y rodando.

El modo de vida de esa familia me pareció en verdad inspirador. Como uno de sus amigos me dijo una vez “Vivo en la naturaleza, con mis mejores amigos y familia a mi alrededor y no me falta nada, es una buena vida”


Bosques alrededor de Smedsdorf

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