• Mario Alberto Gonzalez Robert

(Rumania) Bienvenido a Gurahont

Updated: Nov 24, 2019

Llegué una tarde en tren luego de haber acordado la hora y lugar de llegada con mi anfitrión en la estación de tren de Gurahont en la parte noroeste de Rumanía, un pueblo en medio de la nada. Al llegar, mi anfitrión estaba ahí, vestido con un overol plateado, un señor con la cabeza rasurada como de cuarenta y tantos años que me recibió muy amigablemente justo a un lado de las vías del tren y me condujo a su coche, un Dacia viejísimo rojo con varias cosas que requerían de arreglos.

Fuimos directamente a su casa y en el camino íbamos platicando, como normalmente lo hago con mis anfitriones, para romper un poco el hielo y conocernos un poco mejor, en esto noté que hablaba muy rápido y atropellando ideas con otras.

Me contó de otro voluntario mexicano que tuvo antes que yo, quien le ayudó a pintar algunos graffitis las cuevas en las que está trabajando, que después me llevó a conocer rápidamente y en las que me explicó que, si quería, podía quedarme a dormir pero por el momento había otro señor ocupándolas, un indigente que por mala suerte tuvo un problema de salud en los pulmones y requirió de unas operaciones muy costosas que lo dejaron en bancarrota y sin trabajo debido a la incapacidad.

La casa, en cuanto al terreno, era grande, tenía un pequeño espacio destinado a ser un huerto para cosecha de consumo propio, un baño seco al exterior, un espacio como taller, el garaje y uvas deliciosas por todas partes.

El baño seco era una pequeña cabina de madera construida detrás de una especie de granero que ahora utilizan para almacenar madera y un montón de cosas inservibles en estado de putrefacción. Tenía simplemente un hoyo e forma de letrina y unos cuantos royos de papel de baño. La primera vez que fui a ese baño era de noche y llevaba una linterna bastante grande y poderosa, pues tanto en la cabina como en el jardín, no había luz eléctrica. Lo primero que hice y de lo que me arrepentí inmediatamente fue, como por reflejo, apuntar hacia adentro del hoyo de la letrina, lo que había adentro era una masa indescriptible de una acumulación de bastante tiempo de uso del baño y el olor era “maravilloso”. Lección número uno: no mirar hacia adentro.


Las cuevas

En la cueva había cinco entradas diferentes y una serie de túneles no muy extensos y completamente oscuros pues todavía no había tenido el dinero para poder meter algún tipo de instalación eléctrica además de que estaba en medio de la nada y requería de algún otro tipo de solución de energía independiente. En cuanto a esto mi anfitrión me contó que él había comprado un generador eléctrico que tenía que reparar y una de mis tareas sería ayudarle a transportarlo a la cueva. Por lo que me contó, estos generadores son carísimos pero él lo consiguió a una fracción muy pequeña del precio porque es chino y funciona igual de bien.

Me explicó que esas cuevas fueron construidas en la segunda guerra mundial por el ejército rumano para tener control de esa zona pues había caminos entre las montañas como ahora la carretera y era un buen punto de defensa. Fueron hechas con cincel y se puede notar en muchas partes el detalle de las cinceladas y los hoyos que servían para tener las lámparas y darle algo de iluminación.

Cuando me dio el recorrido tuve que alumbrar un poco con mi ipad y él usó una pequeña linterna para mostrarme los puntos clave, por ejemplo un lugar donde había como una estructura de una cama y cadenas, según él para los sadomasoquistas, no sé si lo decía en broma o no.

Había unos cuantos lugares más que se distinguían de los pasillos por lo que podrían ser llamadas habitaciones para lo que sería su hotel/museo/galería de arte.

En una de las entradas había una pequeña mesa con sombrilla, un letrero que decía Museum-Hotel-Gallery, un pozo que él mismo cavó y mientras lo hacía, cortó accidentalmente unos cables subterráneos de una compañía rumana de internet con su pala por lo que le compañía tuvo que ir y cambiar sus líneas de lugar pasándolas mejor por debajo de la carretera.


Cueva en Gurahont

La historia de mi anfitrión y su mamá

Mi anfitrión me contó la historia de su desgracia y el por qué está atorado en ese pueblo que él considera la miseria (y que yo no le debatiría mucho). Había estudiado ingeniería naval, trabajó durante muchos años en barcos dándole la vuelta al mundo y saciando su sed de aventura por lo que ahora solo quería un lugar tranquilo, sencillo y cálido para vivir. Resulta que tuvo tres oportunidades para irse de ese pueblo y las perdió por lo que ahora vive arrepentido.

La primera fue cuando trabajaba en el barco y fue a las Bahamas, luego de un periodo tenía suficientes ahorros como para comprar una casa allá y según la ley (sus palabras), si tienes una casa y una cierta cantidad de dinero en el banco, podías volverte residente, pero decidió no hacerlo y seguir trabajando en el barco y viajando.

La segunda vez fue cuando viajó a Estados Unidos para un proyecto y tenía la oportunidad de aplicar a un trabajo para quedarse allá pero tampoco la tomó.

La tercera fue cuando su tía murió. Unos días antes de morir lo llamó para discutir acerca del testamento. Le dijo que planeaba sustituir el nombre de su mamá y ponerlo a él como heredero pues su mamá solamente iba a seguir empeorando y a perder más la cabeza pero él decidió decirle que no lo hiciera, que su mamá estaría bien, con lo que la convenció y dejó el testamento al nombre de ella.

Ahora todo el dinero y propiedades del testamento están perdidos pues la mamá vendió dos departamentos que tenían en Bucarest a un precio ridículo al igual que varios terrenos que tenían por Gurahont. El dinero lo usó para cambiarse la dentadura, donar parte del dinero a la iglesia neo protestante, comprarse vitaminas importadas y otras pastillas que no sirven para nada y muchas otras cosas inútiles.

Una de sus hazañas consistió en que un día, mi anfitrión la vio salir a la estación de tren, cuando le preguntó a donde iba, ella muy tranquilamente dijo que al pueblo de al lado y sin ninguna otra explicación se fue.

Luego de eso, hablando con un vecino, mi anfitrión se enteró de que su mamá se acababa de ir al pueblo porque se iba a casar. Resulta que se estaba viendo con un señor desde hacía poco tiempo y supuestamente estaba muy enamorada y se quería casar con él por lo que un día lo hizo y se lo llevó a vivir a su casa. Mi anfitrión estaba furioso, llegó con el señor que solamente le estaba sacando dinero a la señora y cuando vio que se había mudado a la casa, sacó su pistola, un revólver que guarda en su cangurera, le apuntó con él y le dijo, “¡si no te vas en este instante te disparo!” Esa fue la última vez que el señor se apareció por ahí.

Ahora lo único que les quedaba era la casa, el huerto y doscientos euros mensuales de la pensión de la mamá, aparte de un proyecto bastante complicado con las cuevas.


El pueblo gitano

A tal vez dos kilómetros de e pequeño pueblo donde vivía mi anfitrión, había un pequeño pueblo de Romas o gitanos.

Un día que estábamos trabajando en el patio moviendo unos trozos de leña y recogiendo un montón de basura que había regada por ahí, mi anfitrión empezó a decirme que estaba planeando que más adelante en el día que fuéramos al pueblo de los gitanos para ver a una chica que según él, Janet Jackson se quedaba corta en cuanto a lo guapa que estaba. En aquel momento no capté bien a qué se refería y pues le dije que estaba bien y como normalmente, dijera dónde y cuándo, y yo lo seguiría.

En la tarde de ese día fuimos con las bicicletas al pueblo gitano el cual justo a la entrada tenía como un camellón con un coche destartalado lo cual se me hizo chistoso por la fama que tienen los gitanos en muchas partes de Europa.

Cuando llegamos al pueblo, bajamos de las bicis y la gente nos saludaba amigablemente, yo iba caminando detrás de mi anfitrión y él me iba contando un montón de cosas al mismo tiempo con su manera rápida y atropellada de hablar por lo que a mucho de lo que decía realmente no le prestaba atención o entendía.

De repente en el jardín de una de las casas vimos a una señora como de unos cuarenta y tantos que nos sonrió de una manera tímida y nos saludó por lo que levanté la mano y saludé de vuelta. Mi anfitrión empezó a decirme que con ella podría ser y aunque no era la mejor opción porque ya estaba vieja. Yo estaba aún pensando “¿podría ser qué?” y no había captado bien hasta que escuché que entre todas las palabras que le decía mi anfitrión a la señora en rumano, mezclaba palabras que en español como “mexicano” “sangre caliente” “vamos” y luego de eso al ver que la señora dudaba y se reía apenada pensando, mencionó a la otra chica que era a la que se refería antes y dijo que con ella sería mucho mejor.

Luego de ahí seguimos avanzando, buscando a la otra y yo pensando “¡qué demonios! ¿Y ahora qué le digo?” a lo que después me dio curiosidad y pensé en esperar a ver que más pasaba, como le había hecho durante toda mi estancia ahí y ya si algo se llegaba a concretar pensaría en cómo zafarme y decirle que no. Al avanzar algunas casas, mi anfitrión empezó a señalar una donde había una señora muy gorda quien lo saludó con una cara seria pues estaba ocupada haciendo tareas de la casa y me dijo que esa era la casa, lo malo es que estaba la mamá y no se animaba además de que no había visto a la chica esta. Al dar un poco más la vuelta encontramos a la hermana menor, una chica de piel morena como las gitanas, de facciones agradables y de ojos claros, mi anfitrión la saludó inmediatamente y nos acercamos un poco a lo cual ella sonreía. Él me dijo en lo que nos acercábamos que esa era la hermana menor que tenía quince años, que podría fácilmente ser modelo y que con ella no se había animado todavía porque no sabía si ya lo había hecho antes además de que si lo descubrían con ella los papás, seguramente habría problemas. Ya que estábamos a una distancia más corta, él empezó a hablar con ella en rumano y a mencionar las mismas palabras en español que antes “sangre caliente” “mexicano”, señalándome a mí, a lo que yo no respondí nada, simplemente veía la situación y la reacción de la chica que era de sonreír, sonrojarse y decir que no pero pensativa, él siguió hablando con ella en tono de intención de convencerla y ella lo dudaba mientras yo pensaba “¿qué voy a hacer si le dice que sí? ¿Cómo le digo que no me voy a meter con ella? ” Justo antes de decidir decirle que la dejara y que yo no tenía ganas de nada con ninguna de las gitanas, él desistió, ella regresó a su casa y él me dijo “no tiene ganas, además no sé qué tan buena idea sea porque ahí está su mamá y puede haber problemas, mejor vámonos, al parecer la hermana mayor no está”.

En ese momento nos montamos en las bicis de nuevo y nos fuimos tranquilamente de vuelta a la casa, yo aliviado de que no tuve que pensar cómo salirme de esa situación y algo en shock.


Pueblo en Gurahont

El graffitti.

Una de las tareas que me dio mi anfitrión para hacer en su casa fue la de pintar algo en la pared de su cocina la cual era simplemente blanca y realmente abarcaba el área del pasillo hacia la entrada y un área pequeña en la que estaba realmente la cocina.

Yo le dije que sí por lo que me dio unas botellas de pintura de aceite de los tres colores básicos más una de negro, de gris y de blanco y unas cuantas brochas. Para los detalles finos me dio un cepillo de dientes y cortamos unas cerdas de una de las brochas viejas para unirlas con alambre a un pedazo de rama para tener una especie de pincel improvisado.

En lo que preparábamos el material, yo pensaba y pensaba qué pintar, buscaba ideas en temas de conversación recientes y hacía algunos bocetos. Cuando le preguntaba a mi anfitrión qué le gustaría que pintara o si había algún tema en especial que le llamara la atención, él me decía que no me preocupara y que pintara lo que fuera, cualquier cosa, que él solo quería tener una obra de arte de lo que me saliera de la cabeza así es que lo que pensé fue hacer un boceto rápido para mí y empezar a pintarlo lo antes posible porque no quería quedarme haciéndolo todo el día.

Nunca antes había pintado alguna imagen en una pared y menos con ese tipo de pinturas por lo que decidí simplemente lanzarme y experimentar y como no tenía mucho material especializado de pintura decidí que lo mejor sería hacer todas las mezclas de color directamente en la pared.

Tenía que hacer algo pequeño primero de prueba para ver bien cómo funcionaba la mezcla de las pinturas y cómo se sentía el flujo de las brochas por lo que tomé el pedazo de arriba del marco de la puerta entre la cocina y el comedor/recámara y con una brocha delgada empecé a hacer unas máscaras estilo maya improvisadas de color naranja con sombras en azul para ver que tal quedaba la combinación. Al final, las máscaras no me gustaron del todo aunque eso es normal, pero vi que se podían mezclar bien las pinturas y que el resultado era bueno por lo que podía proceder a hacer el mural grande.

Antes de empezar, la mamá de mi anfitrión entró y vio las máscaras por primera vez, las observó un momento y al final dijo que estaba bonito en rumano, lo cual entendí después de que repitiera muchas veces esa palabra para muchas otras cosas diferentes que le gustaban. Ya era algo tarde por lo que comimos y dejé el mural grande para el día siguiente.

Al otro día empecé a pintar la superficie grande de la pared que era la del pasillo y llegaba hasta la puerta. Primero tenía que pensar en una manera de separar mi dibujo grande del de las máscaras que había hecho antes. No me tomó mucho tiempo decidir que iba a pintar una línea utilizando cuadros intercalados de los colores principales.

Ya que tenía eso listo empecé a trazar las formas de mi obra grande cuidando proporciones, composición, etc. y ya que tenía eso siguió rellenar bien de color, mezclar, y detallar hasta que lo terminé.

Lo que escogí pintar ahí fue un árbol enorme con forma de cráneo. Ésta vez la reacción y palabras de la mamá fueron diferentes cuando lo vio. Se detuvo un momento y en vez de decir que estaba bonito dijo que era interesante. Cuando mi anfitrión lo vio, realmente no hizo gran alboroto, solamente estaba contento de que hubiera pintado algo en su pared y que ya no se viera plana y me dio las gracias por dejarle una obra en su casa, me pidió que lo firmara y pusiera la fecha para tener un recuerdo de quien y cuando lo hizo.

Al siguiente día me pidió que usara la pintura restante para pintar el piso de madera que estaba todo desgastado y era de color naranja. Le dije que no me iba a quedar el color igual al anterior pero no le importó y dijo que se vería bien de todas formas. Al final el suelo quedó pintado de unos colores bien raros pues el nuevo era como un naranja más cercano al magenta y aun se veía el pedazo del anterior porque la pintura no alcanzó para cubrirlo pero mi anfitrión dijo que así estaba bien.

Lo último que me pidió fue que pintara de blanco un pequeño escalón que había en la puerta que conectaba la cocina con el comedor/recámara y que si quería le hiciera algún otro dibujo por lo que ahí solo utilicé los colores rojo y azul y dibujé en estilo prehispánico, dos cabezas con símbolos de diálogo las cuales le gustaron mucho a la mamá y se puso muy contenta.

Luego de varios días, casi al final de mi estancia, mi anfitrión me pidió que hiciera otra obra artística pintando un pedazo de madera enorme que quería usar para unirlo a dos pequeños troncos y hacer una banca para sentarse afuera de la casa. No tenía idea de qué hacer y realmente no me daban ganas de complicarme la vida haciendo algún dibujo muy elaborado o buscando una idea sofisticada así es que se me ocurrió pintarla toda de blanco y luego salpicarla de colores con diferentes patrones para crear texturas interesantes. Al final la banca quedó muy llamativa y a mi anfitrión le gustó mucho al igual que a su mamá. Tomamos la madera y la cargamos hasta afuera para recargarla en los dos troncos y listo, ya tenía nueva banca, solo quedaba esperar a que secara.


Mural en la cocina

El funeral y el tunning del Dacia

Un día mi anfitrión me dijo que íbamos a ir al mecánico que era un buen amigo suyo porque quería cambiarle los asientos a su Dacia rojo porque ya los tenía en muy mal estado, casi completamente zafados por lo que se movían mucho cada vez que el coche tomaba una curva o frenaba.

En el camino fue contándome la historia de su amigo que me pareció interesante pues por lo que me dijo, este señor era un vagabundo que prácticamente vivía pidiendo limosnas y cigarros en la calle. Un día llegó mi anfitrión y le propuso ayudarle, le dijo que él le iba a dar dinero para que él hiciera algún negocio y reformara su vida o usara el dinero para perderse en el alcohol y el vicio y esa sería su decisión. Al paso de los años el señor decidió dar un buen uso a ese dinero y empezando con un pequeño taller logró a la fecha construir un taller de un tamaño bastante decente con otros ayudantes y cambió su vida completamente.

Durante el camino intentó localizar al mecánico por teléfono pero no lo encontraba por lo que llegamos directamente al taller en donde solamente estaba uno de los ayudantes que era un chico como de 18 años con quien se puso a platicar mi anfitrión un momento, luego se dirigió a mí y me dijo que el mecánico estaba en el cementerio porque uno de los vecinos había fallecido y estaban cavando su tumba entre varios vecinos incluido el mecánico.

Mi anfitrión decidió ir a buscarlo al cementerio así es que fuimos y luego de unos minutos llegamos a uno pequeño con lápidas muy sencillas. Sentados en una de las lápidas estaban alrededor de 6 hombres entre 30 a 50 años y uno de ellos estaba cavando un hoyo ya bastante profundo mientras los demás platicaban y tomaban “palinca” una bebida típica de Rumania con 70 grados de alcohol.

Justo al llegar nos acercamos, mi anfitrión empezó a saludar a todos y a platicar con ellos, me presentó y lo primero que hizo el que tenía la botella de palinca fue darme a probar, tomé un trago y es tan fuerte que mi garganta se cerró y empecé a toser sin poder respirar bien por unos instantes. Luego le extendí la mano con la botella y me dijo que tomara otro trago, intenté decirle que no pero al final tomé una gota, fingiendo que era un trago normal y le di la botella, la recibió y me preguntó con una seña apuntando a su bicep que si estaba fuerte a lo que respondí que sí y se rió. Después de poco tiempo de hablar con ellos, mi anfitrión decidió que iríamos a hacer otras cosas y volveríamos después.

Al día siguiente volvimos al taller para hacer todos los arreglos que mi anfitrión quería para el coche. Una vez más nos recibió el chico de antes y nos dijo que el jefe estaría de vuelta después porque tuvo que ir al funeral de la señora para la que cavaron la tumba. Lo primero que hicieron fue poner el coche encima del hoyo que tienen en el taller para poder examinar el coche por abajo, el chico se metió con unas herramientas y empezó a hacer algunas cosas mientras hablaba con mi anfitrión. Pregunté que tenía el coche y me explicaron que había que cambiarle unos cables que iban a los faros, luego me dijo mi anfitrión que habían encontrado un pequeño hoyo en el suelo causado por el metal que ya se había podrido pero que no era nada grave aunque luego el chico, en inglés, me dijo riéndose que era un hoyote.

Al terminar los arreglos por debajo del coche, lo sacaron y explicó mi anfitrión que quería que lo ayudara a cambiar sus asientos viejos por unos nuevos de un Mondeo que había obtenido casi regalados y que habíamos llevado ese día desde la casa, el chico dijo que no había problema, desmontó los viejos e intentó acomodar los nuevos pero vio que era un poco complicado porque quedaban muy bajos y no había manera de fijarlos bien, mi anfitrión vio esto así es que decidieron improvisar. Buscaron una tabla larga de madera, la cortaron, probaron que encajara y luego la fijaron al suelo con unos tornillos en hoyos que hicieron con taladro a la medida de los que tenían los asientos en la base. Finalmente los dos asientos delanteros quedaron firmes aunque un poco altos para el coche por lo que mi cabeza casi tocaba el techo.

El asiento de atrás fue más complicado porque el respaldo tenía una base metálica que chocaba con las paredes del coche lo cual causaba que no entrara derecho entonces el chico lo sacó, separó la parte de tela y colchón del asiento y con una sierra rebanó un pedazo del metal que estorbaba, con esto ya logró hacerlo que encajara. No lograban meter el taladro para poder hacer el hoyo para los tornillos así es que con un desarmador y un martillo le pegó hasta que perforó el coche y ya con eso lograron fijarlo. Habiendo cumplido con todos los arreglos, nos pusimos a recoger todas las herramientas que estaban tiradas por todos lados, especialmente un montón enorme de tornillos y tuercas que habíamos sacado de un recipiente grande para buscar los que nos servían para el coche. En eso, llegó el mecánico amigo de mi anfitrión del funeral, con un pan que regalan por tradición en esas ocasiones que era como una trenza grande, mi anfitrión lo agarró y contento de que su coche estaba tuneado dijo “Let’s have some fucking bread in memoriam” (vamos a comer algo de pan “in memoriam”) con lo que todos nos atacamos de risa y empezamos a comer.


El internet

En la casa de mi anfitrión no había señal de internet porque según él, la compañía encargada de ese servicio pone en cada región un aparato el cual tiene un cierto número de conexiones que se pueden hacer y ahí ya estaban todas ocupadas por algunos de los vecinos más jóvenes. Para que en su casa hubiera internet, tendría que haber más personas interesadas para que valiera la pena poner otro de esos aparatos para conectar a más gente pero como todos los vecinos eran viejos y no tenían ni computadoras, pues no le era rentable a la compañía gastar en más equipo.

Cada vez que queríamos usar internet teníamos dos opciones, ir al pueblo de al lado que era casi igual de pequeño y estaba como a veinticinco minutos en bicicleta y conectarnos con la señal de un amigo de mi anfitrión en una banca frente a su casa o ir un poco más lejos dentro de ese mismo pueblo hasta llegar al ayuntamiento y utilizar su internet libre.

Normalmente nos poníamos de acuerdo para ver qué día y a qué hora íbamos a ir al internet y lo hacíamos siempre en la tarde después de haber terminado todas las tareas del día. Siempre intentamos regresar antes de que oscureciera y revisábamos el internet rápido porque lo teníamos que hacer en la calle sentados en una banca y la batería de la laptop de mi anfitrión no duraba mucho tiempo por lo que solamente revisaba sus emails, yo los míos y partíamos.

Una vez que estábamos ahí sentados, por andarse moviendo mucho, la computadora se le cayó de las piernas y la alcanzó a atrapar antes de que golpeara el suelo pero le apretó un montón de botones y se llevó una buena sacudida por lo que la pantalla empezó a mostrar una textura de colores como una corrupción gráfica causada por algún error del que no se recuperó más esa noche por lo que la tuvo que apagar y revisar de vuelta en la casa.

Uno de esos días la conexión del vecino tenía una contraseña puesta por lo que yo no me podía conectar pero mi anfitrión sí porque por alguna extraña razón, la contraseña ya estaba guardada en su máquina. Como no recordaba cómo hacerle para ver la contraseña desde su computadora, lo único que se nos ocurrió fue que me fuera al ayuntamiento que estaba como a 5 minutos en bicicleta de ahí y cuando regresara nos iríamos juntos pues él se quedaría a revisar sus emails ahí.

Tomé la bicicleta y me fui, cuando llegué no había nadie por ahí y todo estaba cerrado, dejé la bicicleta recargada en un árbol y me puse a caminar con el ipad buscando la señal de wi-fi. El ayuntamiento tenía unas escaleras más o menos grandes al exterior para ir al piso de arriba con un pasillo como de balcón y ahí fue donde encontré muy buena señal entonces me senté en las escaleras y me puse a revisar mis emails y a chatear un rato para saludar a mis papás y amigos. De repente escuché unos ladridos e instantáneamente pensé que un perro callejero ya me había encontrado y me iba a causar problemas, volteé hacia la entrada del patio y vi al perro corriendo hacia donde yo estaba y ladrando como loco por lo que agarré mi ipad y me subí corriendo las escaleras saltándome el barandal para llegar al balconcito de al lado. El perro al ver que me había ido de las escaleras y al no saber cómo llegar hasta mí, se quedó en el patio ladrándome y dando vueltas. Yo estaba preocupado pensando cómo me iba a ir de ahí si el perro no me dejaba en paz y al mismo tiempo seguía chateando hasta que escuché unas voces de unas señoras. Volteé hacia donde escuchaba las voces y vi solo las siluetas porque ya era casi de noche. Una de las señoras se puso a gritarle al perro para que se calmara y lo logró espantar y sacar de ahí, luego estaba hablando con la otra como preguntándose quién era yo. Lo único que hice fue sonreír y saludarlas con la mano enseñando que tenía el ipad en la mano y luego de unas palabras en rumano, se fueron.

Seguí ahí un rato más contándole a una amiga por skype lo que había pasado y me dí cuenta de que ya era algo tarde y ya no había luz. Empecé a escuchar ruidos de crujidos en el edificio que tenía atrás completamente oscuro y eso me puso nervioso por lo que apagué mi ipad y decidí irme. Monté en la bici y me fui a la casa donde mi anfitrión revisaba internet para darme cuenta de que ya se había ido. No tenía caso quedarme ahí más tiempo así es que seguí el camino para irme a la casa. El único problema es que la carretera que había que tomar no tenía nada de iluminación y la noche estaba nublada porque casi no había luz y no alcanzaba a ver ni la llanta delantera de la bici de tan oscuro que estaba. Me fui con mucho cuidado y muy despacio y por suerte la casa que marcaba la entrada al camino que debía de tomar, sí tenía algo de luz, lo que me ayudó a encontrar el camino sin perderme en la completa oscuridad. Acababa de subir una pendiente algo molesta y ya que estaba a una calle de llegar al último trayecto del camino, me encuentro dos perros ladrando como locos y persiguiendo a un coche. Pensé “Perfecto” y como vi que venían corriendo hacia mí, decidí regresar un poco y esperar a que se fueran, lo que implicó bajar y volver a subir la larga pendiente. Lo hice y regresé después de un rato para ver que los perros afortunadamente ya no estaban ahí y ya logré llegar a casa de mi anfitrión si ningún problema.

Otro día también nos quedamos hasta que oscureció y al regreso casi no podía ver nada por lo que iba bien cerca de la bici de mi anfitrión e intentando detectar cualquier obstáculo para no caerme. Cada coche que pasaba era un alivio pues daba como un flashazo con el que podía ver el entorno por unos segundos y acordarme más o menos del camino.


Recolectando hongos y aprendiendo de los vecinos.

Varias veces fui con mi anfitrión a buscar hongos al bosque para comer. Me dijo que no sabía exactamente cuales eran comestibles y cuales no, aunque tenía una idea, pero uno de los vecinos y buen amigo suyo, sabía identificarlos muy bien.

Cada vez que íbamos a cazar hongos encontrábamos un montón, sin saber cuales eran buenos y cuales no, los separábamos de acuerdo a sus características para luego ir con el vecino, un señor viejo con artritis que le dejó los dedos todos torcidos. Nos sentábamos con él en su humilde y pequeña casa, la cual estaba construida de tablas de madera aglomerada y cuyo mobiliario era muy básico, consistiendo en una mesa de materiales de desecho, una cama, una televisión vieja de antena, algunas fotos pegadas en la pared, libros viejos y una estufa pequeña. My anfitrión y él hablaban un buen rato, no se de qué, hasta que llegaba el momento en el que le preguntaba acerca de los hongos, entonces el señor agarraba un puñado de ellos y los tiraba al suelo hablando como en tono irritado casi gritando, así como hablaba normalmente. Al final acabábamos deshaciéndonos de más de la mitad de los hongos cada vez que íbamos a preguntarle.

Luego me contó mi anfitrión que él era su amigo desde hace muchos años, bastante más viejo y tenía una hija quien estaba casada y con hijos, viviendo en alguna otra parte de Rumania. Según mi anfitrión, una vez le dijo a este señor, que pensaba en acostarse con su hija pero no estaba muy convencido pues estaba gorda, y él no tuvo ningún problema con eso, decía que no le importara lo que hiciera su hija. También me platicó que este señor es un genio, había sido un muy buen ingeniero que hasta las empresas se peleaban por él hasta que un día se cansó de trabajar en eso y se dedicó a estudiar acerca de la naturaleza, por eso tenía muy amplios conocimientos acerca de hierbas y sabía perfectamente cuales hongos eran tóxicos y cuales comestibles. Ahora ya esta retirado de todo, se cansó de la vida en sociedad y la gente así es que prefiere quedarse en su pequeña casa, visitando de vez en cuando a las prostitutas del pueblo de al lado o recibiendo chicas que le traían amigos para divertirse un rato.

Unas cuantas veces mientras íbamos de camino al bosque atravesando el vecindario, nos tocaba ver a los vecinos haciendo sus tareas diarias o caminando por ahí y a veces venían a saludar rápidamente. Uno de ellos que estaba cortando el pasto de su casa, según mi anfitrión, era un bastardo alcohólico que l pegaba a su mujer hasta que un día la acabo matando. En otra ocasión encontramos a una señora que nos saludó y luego mi anfitrión dijo que esa mujer estaba loca, era otra alcohólica que ya había pasado por manos de prácticamente todo el pueblo menos de él porque estaba gorda y fea y no se le antojaba. En fin, decía que ese pueblo vivía en la miseria y que todos eran alcohólicos por ahí.


La visita al amigo en las aguas termales

Un día fuimos a visitar a un amigo de muchos años de mi anfitrión para darle una maleta con cosas que necesitaba pues se había roto el pie y se estaba quedando en una especia de hotel de recuperación y rehabilitación en un pueblo famoso por sus aguas termales que contienen minerales especiales y que gracias a ellos también crece un tipo de lirio que es muy raro y crece solamente en escasos lugares en el mundo.

Mientras íbamos de camino, me iba contando la historia de su amigo quien había sido, al igual que él, un ingeniero que trabajaba en barcos viajando por el mundo. A diferencia de mi anfitrión, su amigo decidió estudiar una especialización para poder obtener mejores trabajos y ganar mucho más. Le gustaba disfrutar de las mujeres y una vez, trabajando en un crucero, el jefe le dijo que estaba prohibido meterse con las clientas pero él no se pudo resistir a una belleza brasileña quien lo dejó sin trabajo y disfrutando un poco de la vida en Brasil, lo cual no duró mucho.

Continuó sus aventuras en el mar, involucrándose con muchas mujeres, casándose numerosas veces, cosa que le costó una fortuna, hasta que encontró un trabajo en un barco en el que dio un mal paso, se resbaló de una escalera y se rompió la pierna en varias partes, requiriendo algunas cirugías y la rehabilitación.

Mientras caminábamos por el pueblo y platicábamos, él y mi anfitrión no dejaban de decirse lo idiotas que eran el uno al otro, uno por nunca dejar la vida de aventura y romperse la pierna y el otro por retirarse y acabar metido en Gurahont. Al final, no importa cuál sea nuestra historia, nunca vamos a dejar de arrepentirnos de lo que dejamos de hacer en el pasado y nunca estaremos contentos con cómo vivimos ahora.


Baños abandonados

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