• Mario Alberto Gonzalez Robert

Interrail con mi hermano - Parte 2

Tomamos un vuelo de Bruselas a Zaragoza, España, donde vive mi amigo (el mismo de Peña de Lobos), con el plan de pasar navidad con él y su familia en su pequeño pueblo en Aragón.

Fuimos a pasear un poco por la ciudad pues era la primera vez de mi hermano por ahí. Nuestro amigo también nos llevó a dar la vuelta a una pequeña pero preciosa ciudad medieval llamada Daroca, que se puede apreciar por completo desde la cima del acantilado que la rodea, como si se estuviera en la Edad Media, y no se puede olvidar mencionar la ruina de una de las torres que protegían la ciudad conocida actualmente por los locales como la polla de Sansón por su forma. También pasamos algunos días en casa de sus padres en Villanueva de Jiloca, un pueblito de 75 habitantes.

Un día nos reunimos con los amigos de toda la vida de mi amigo, en uno de los bares de Daroca, en donde jugaron un juego de cartas llamado “Mus” mientras hablaban a gritos todos al mismo tiempo. Mi hermano y yo observábamos calladamente todo el caos cuando uno de ellos voltea y nos dice “esto es España, el que grita más duro, gana”.

La noche de navidad tuvimos una enorme y deliciosa cena con la familia de mi amigo incluyendo a la abuela, tíos y primos. Perdí la cuenta del número de platillos que comimos, todos deliciosos, desde mariscos hasta carne de lechón, postres, pasteles, dulces, vino, etc. Intercambiamos memorias, chistes, anécdotas durante toda la noche y la pasamos muy bien.

Los papás de mi amigo y su hermana nos llevaron a conocer otras ciudades a los alrededores y recuerdo una vez que estábamos caminando en una calle, cuando encontramos un coche viejo destartalado y abandonado y la mamá dijo “mira, como en México”. Nos reímos y le dijimos que qué mala onda, pero en parte era cierto.

También hicimos un pequeño viaje a un lugar llamado Calatayud, donde nos dio mucha risa cuando encontramos un monumento conmemorando a los “joteros bilbilitanos” que eran un tipo de músicos tradicionales de por ahí. La razón por la que nos dio risa fue porque la palabra “jotero” es similar a la manera grosera de llamar a un homosexual en México y “bilbilitano” solamente suena chistoso pero es, de hecho, el gentilicio de los originarios de Calatayud.

De Zaragoza, mi hermano y yo nos fuimos a Barcelona, unos días antes de año nuevo, donde fuimos recibidos por un invierno a 25 grados y sol. Ahí nos encontramos con mi amigo catalán quien nos llevó a pasear y a comer una muy rica y no muy cara paella en el puerto.

Me molestó bastante que todo es carísimo por allá y varias de las atracciones que solían ser gratis, ahora había que pagar y bastante caro, por ejemplo el parque Güell, del cual se podía visitar el camino exterior pero para entrar al centro, que es lo principal, hay que pagar.

Queríamos también entrar a la catedral de la Sagrada Familia aunque el precio altísimo de 20 euros nos hizo dudar. De todas maneras decidimos pagarlo y comprar los boletos por internet para evitar la perpetua fila de 4+ horas. Al poner el primer pie dentro de la catedral quedé impactado, es definitivamente un lugar que no hay que perderse. Además, el museo que tiene acerca de Gaudí y su trabajo, es muy interesante y vale la pena el precio de entrada.

Nuestra siguiente parada y el inicio del boleto interrail fue Toulouse, donde hicimos couchsurfing en casa de una francesa muy amigable que, debido a su trabajo, no pudo pasar mucho tiempo con nosotros pero nos llevó a un bar a platicar y a probar queso y vino francés.

En cada lugar que visitaba, marcaba la ubicación en Facebook, entonces una vez que chequé mi cuenta vi que tenía un mensaje de un voluntario que había conocido en Polonia durante mi estancia en Agrochatka y que no recordaba que vivía en Toulouse. Me preguntó si estaba en su ciudad y si quería que nos viéramos a lo que le respondía que por supuesto. Pasamos el día paseando, con él guiándonos y mi hermano bromeando, diciéndole que ya nos había perdido a lo que mi amigo siempre decía “vamos por aquí… ajá, ¡ahí está la iglesia que decía! Claro que sé por dónde vamos, muchas gracias”. Nos la pasamos muy bien todo el día.

En una ocasión, cuando estábamos mi hermano y yo sentados en un parque, se nos acercó una niña gitana pidiéndonos dinero pero le dijimos que no. Entonces se paró en frente de nosotros, levantó el labio superior revelando los dientes y los tocó con un dedo diciendo algo en voz baja, luego se fue. Le dije a mi hermano que en algún lado leí que esa era la manera en que los gitanos te echan una maldición. Él dijo “¿Qué? ¿Nos quiso echar una maldición? Si se vuelve a acercar le voy a hacer lo mismo. A mí no me importan sus supersticiones tontas pero a ella probablemente sí le afectará” Pero la niña ya no regresó.

De Toulouse tomamos un tren a Paris con el propósito de festejar el año nuevo por allá y ver cómo los parisinos hacen la fiesta, aunque al final no fue como esperábamos.


Daroca


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