• Mario Alberto Gonzalez Robert

Interrail con mi hermano - Parte 1

En 2013, mi hermano vino a Europa para viajar conmigo durante las vacaciones de invierno usando un pase de tren Interrail, el cual te permite tomar todos los trenes que quieras en un cierto periodo de tiempo.

Llegó de Cancún a Bruselas con una aerolínea de bajo costo llamada Jetairfly. Lo fui a buscar el día de su llegada al aeropuerto y estuvo bastante bien puesto que no nos habíamos visto desde hacía más de un año.

Mi primo, quien había estado viviendo en Bruselas en lo que en Bélgica se denomina “kot”, que es una casa grande con muchas habitaciones rentadas principalmente a estudiantes, se había ido a Alemania para aprovechar una oportunidad de trabajo que le había salido por allá, pero nos dijo que sus ex compañeros de casa nos recibirían sin problema y no podríamos quedar a dormir en el que solía ser su cuarto, el cual aún no estaba ocupado por nadie.

Una vez que llegamos a la casa y nos acogió uno de sus amigos, fuimos directamente al cuarto a que mi hermano descansara del jet-lag antes de salir a pasear por la ciudad y a que yo planeara un poco más nuestro viaje. Mi hermano estaba dormido en la cama y yo sentado en la silla a un lado con el ipad cuando de repente, escucho voces en el pasillo y veo la manija de la puerta tornar. Esta se abrió y ahí estaba el dueño de la casa, quien preguntó “¿y ustedes quiénes son?”. Luego de un segundo de duda, le empecé a explicar que éramos los primos del ex inquilino y que su amigo belga, quien vivía en el cuarto de enfrente, nos había permitido quedarnos por lo que el dueño dijo “ah entonces es culpa de él” y le tocó la puerta inmediatamente. Él salió y el dueño le dijo “Entonces fuiste tú el que los dejó entrar. No puedes hacer eso, tienes que pedirme permiso antes. Tenemos que hablar al rato”. Luego se dirigió hacia mí y me dijo “Bueno pues tienen que tomar sus cosas y desocupar la habitación cuanto antes porque aquí está el nuevo inquilino (quien observaba silenciosamente la escena con sus maletas a un lado) que viene a firmar contrato y mudarse”. Me disculpé, le expliqué la situación a mi hermano y agarramos nuestro equipaje. El amigo belga nos dijo que podíamos meter nuestras cosas a su cuarto y esperarlo en la cocina en lo que planeábamos que hacer.

Esperamos un rato en la cocina cuando él bajó y nos dijo “saben qué, quédense a dormir en la habitación de aquí abajo, la renta es demasiado cara por lo que nadie la toma nunca y siempre la usamos para las visitas en secreto”. También nos dijo que podíamos dejar nuestras cosas en su cuarto pues estarían más seguras y él iba a dejar la puerta abierta para que pudiéramos pasar y tomar lo que necesitáramos.

Luego mi hermano y yo fuimos a dar la vuelta por la ciudad, visitando el mercado de navidad y disfrutando de unos deliciosos waffles, tan buenos que nos hicieron olvidar por un momento nuestras narices escurridas por el viento helado que nos golpeaba la cara cargado de una ligera lluvia.

En la noche, regresamos a la casa para encontrar la puerta de la habitación del belga cerrada con seguro. Les preguntamos a otros de los inquilinos si sabían dónde estaba el belga y nos dijeron que se había ido de fiesta y que probablemente no regresaría esa noche. Decidimos irnos a descansar y checar de nuevo a las 2am a ver si ya había regresado pero no. Estábamos algo preocupados pues teníamos un vuelo temprano a la mañana siguiente.

Pensamos que lo mejor sería irnos a dormir e intentar recuperar nuestras cosas como a las 5am. Fuimos a su cuarto y tocamos varias veces sin recibir respuesta. Luego intenté abrir con e l viejo truco de deslizar la tarjeta por el costado sin ningún éxito. El marco de la puerta era bastante débil y por un momento pensé en forzarla pero cambié de opinión pues creí que sería una mala idea hacerle el destrozo.

Lo siguiente que se me ocurrió fue despertar a su vecino de al lado, un español, para ver si lo lograba contactar de algún modo. Salió con cara de desvelado pero dispuesto a ayudar y le marcó varias veces sin ningún resultado. Intentamos el truco de la tarjeta de nuevo pero la cerradura era cuadrada y entraba bastante profundo en el marco por lo que sería imposible. Luego se le ocurrió una idea, tal vez el belga había dejado su ventana sin seguro y podríamos entrar por ahí, pasando por la ventana del español. Decidí intentarlo, me quité los zapatos, salí por la ventana y caminé por la canaleta medio mojada del cuarto piso hasta llegar a la otra ventana. Para mi alivio, estaba abierta por lo que logré entrar fácilmente. Ya desde adentro intenté abrir la puerta pero me di cuenta de que el cerrojo necesitaba llave por los dos lados así es que descarté esa opción. Sin nada más que hacer, tomé las maletas una por una y las pasé por la ventana caminando por la canaleta mientras mi hermano, muy divertido, me tomaba fotos durante la hazaña. Ya que terminé, una onda de alivio recorrió mi cuerpo. Le di las gracias al español quien me dijo que no le contaría nada al belga pues quería ver su reacción cuando se diera cuenta de que las cosas ya no estaban ahí pero todo estaba intacto en su habitación.

De ahí nos fuimos al aeropuerto y ya no tuvimos ningún otro problema.

Continuará…



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