• Mario Alberto Gonzalez Robert

Hungría

Cuando dejé Polonia para irme a Austria con la familia que me invitó, decidí viajar en tren y conocer Eslovaquia y Hungría primero. Busqué voluntariados en helpx en los dos países y encontré uno en Hungría que me aceptó. Era en un pueblo cerca de un lago muy grande llamado Balaton aunque no lo suficientemente como para ir sin un transporte pero al menos el tren pasó a su lado una buena parte del camino y la verdad, es muy bonito.

En este helpx mi anfitrión fue un señor inglés como de cincuenta años que vivía completamente solo, aunque acababa de adoptar un perro para hacerle compañía, pero como él no hablaba nada de húngaro y era un pueblo muy pequeño donde nadie habla inglés, pues realmente no tenía a nadie más. Él era algo callado y hablaba con mucha inseguridad, siempre pensando y dudando mucho en lo que decía (diciendo mucho “eeehm…”).


Una de las cosas curiosas que pasaban por ahí era que su vecino, un señor como de la misma edad, tenía algún problema mental por lo que se ponía a gritar de repente y durante horas, con todas sus fuerzas, cosas que no sabíamos si tenían sentido o no pues el idioma húngaro es bien raro, pero se notaba que estaba enojado.


Ahí el trabajo de helpx era bastante sencillo, unas cuantas cosas de jardinería como cortar el pasto y algunos arbustos así como la limpieza y remodelación de un antiguo granero que se encontraba al lado de la casa en unas muy malas condiciones pues estaba muy viejo aparte de que lo usaba como almacén de chatarra. Complicaba un poco las cosas el hecho de que a la desbrozadora le había cambiado el hilo por una cuchilla de sierra que en vez de cortar el pasto lo empujaba y acostaba nada más, además de los mosquitos increíblemente molestos y el calor.


Había un montón de moscas y mosquitos por todas partes, entre los que eran especialmente molestos unos pequeños que parecían apuntar a los ojos y a cada rato podía sentir cómo uno de ellos se impactaba a toda velocidad contra mi retina, ardiendo un montón y desatando mi ira.


El granero no era un lugar muy seguro para trabajar pues una de las tareas era remover el piso que era de planchas de madera ya muy podridas solamente soportadas por fuertes vigas, que eran las únicas en un estado decente, entonces había que tener cuidado de donde pisar para no terminar en el sótano, el cual estaba lleno de basura y escombros que asegurarían un grado más de desastre y dolor en caso de una caída.

Un día llegaron dos nuevos voluntarios, un hombre inglés como en sus cuarentas y una mujer de Bosnia más o menos de la misma edad. El inglés viajaba en una camioneta bastante amplia y lo que nos contó que normalmente hacía era, contactar a otra persona de cualquier parte de Europa que quisiera hacer un viaje a algún lugar donde quisiera ir él también e irse juntos para compartir gastos de gasolina, comida, etcétera, además de hacer nuevos amigos. En la camioneta llevaba también dos bicicletas y varias cosas para acampar como una tienda de campaña, colchón inflable, etc.


Me parecía buena idea esa manera de viajar, solamente había un problema, luego de pasar varios días manejando por carreteras por Europa, estando todo el tiempo con la bosniana, al llegar a Hungría ya se odiaban. Cada vez que estábamos los cuatro juntos, por ejemplo en las comidas, ellos dos eran los que hablaban la mayoría del tiempo y lo único que hacían era lanzar comentarios sarcásticos y ofensivos el uno al otro, lo cual hacía esos momentos bastante incómodos.


También me pareció un poco raro que, habiendo espacio suficiente en la casa, ellos preferían dormir, él en la camioneta y ella en la tienda de campaña en el jardín.

El inglés empezó a trabajar conmigo en el jardín y el granero mientras que la bosniana hacía la limpieza de la casa, preparaba las comidas y pasaba incontables horas encerrada en el baño a lo cual yo no podría dar una explicación.


El primer día de trabajo empezamos a cortar el pasto sin problema, luego pasamos al granero el anfitrión, el inglés y yo porque había que mover unas cosas pesadas que estaban sobre el suelo de madera podrida hacia el otro extremo cuyo suelo era sólido. Una de estas cosas era un refrigerador viejo y pequeño bastante pesado. Éste decidieron moverlo entre ellos dos, agarrándolo uno de la base y el otro de arriba, lo levantaron un poco, el anfitrión dudó por un segundo donde pisar, lo dejó caer levemente por lo que el inglés perdió el agarre, el refrigerador se tambaleó y luego del golpe empezó a sonar como una especie de gas escapándose, a lo que el inglés dijo “¡ah genial! Eso es tóxico” intentando contener la respiración, el anfitrión respondió “Eeehmm… creo que no es tóxico, solo es malo para el ambiente” mientras yo me volteaba intentando contener la risa que me dieron sus reacciones y lo absurdo de la situación. Luego de eso terminamos de mover lo que faltaba concluyendo el trabajo de ese día.


Al segundo día seguimos con el jardín, pues era enorme, cortando ramas de árboles y más pasto. Al terminar yo me fui a mi cuarto con mi computadora, la bosniana estaba en el baño como siempre, mi anfitrión decidió sacar al perro a pasear, cuando después de un rato, llegó el inglés a preguntarme si podía cerrarle la reja porque quería llevarse la camioneta con la bici al lago más cercano y darse unas vueltas. Le dije que sí, salí al jardín, se fue y cerré la puerta. Después de un rato regresó mi anfitrión y le comenté lo ocurrido. La bosniana seguía en el baño aunque entraba y salía a veces.


Todo seguía normal hasta que llegó la hora de cenar, mi anfitrión preparó la cena esta vez, yo ya tenía bastante hambre y solo estábamos esperando a que regresara el inglés que ya llevaba demasiado tiempo fuera. Por ahí de las nueve de la noche ya teníamos todos mucha hambre y nos preguntábamos qué había pasado con él, mi anfitrión intentaba contactarlo por teléfono sin éxito y de pronto a la bosniana se le ocurrió que tal vez se había ido sin ella y la había abandonado ahí. No creíamos que fuera posible algo así cuando entonces nos dijo “Voy a ir a revisar la tienda de campaña. Sé que el colchón inflable era bastante importante para él y no lo dejaría abandonado, si sigue ahí va a volver pero si no está, ya me dejó” Salió de la casa un instante y regresó “Ya no está el colchón”.

Nos parecía increíble que la hubiera abandonado así, ella estaba muy estresada y mi anfitrión empezó a revisar la casa para ver si no faltaba algo importante, al final lo único que faltaba era una toalla, cosa que lo dejó traumado porque no podía creer que se robara una toalla.


La bosniana decidió que se iría a su casa en el primer tren de la mañana siguiente, ya estaba harta y tenía demasiado estrés, le pidió a mi anfitrión que la llevara a la estación y temprano al día siguiente partió.


Mi anfitrión al regresar, entró en su cuenta de helpx decidido a dejar una referencia en el perfil del inglés contando lo ocurrido para prevenir a los demás posibles anfitriones acerca del roba toallas escapista. Luego de unas horas volvió a revisar su perfil y encontró una referencia negativa en respuesta a la suya, en la cual el inglés advertía a los posibles voluntarios que las condiciones de trabajo eran peligrosas y que el anfitrión era una persona con desórdenes mentales como OCD y una variedad más, lo cual dejó a mi anfitrión bastante impactado y molesto además de triste por su toalla. Lo único que se me ocurrió hacer para ayudar un poco fue dejar una referencia positiva explicando un poco la situación desde mi perspectiva.


Luego de esa experiencia no pasó nada más digno de contarse, todo continuó con normalidad y un día vino otra persona, esta vez de couchsurfing, un rumano como de treinta y tantos que viajaba en su moto y ya iba de regreso a su casa. Una persona muy agradable y abierta que al final me dijo que si algún día iba a su ciudad llamada Timisoara le avisara, cosa que hice tiempo después y me hospedó una noche.


Pequeño lago cerca de Belezna, Hungría


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