• Mario Alberto Gonzalez Robert

(Francia) El coche compartido con el conductor de Argelia

Un día que necesitaba moverme de la ciudad de Vichy en el centro de Francia a Paris para después tomar otro viaje, decidí usar una manera de viajar barata que se llama “covoiturage” y que se está haciendo muy popular tanto en Francia como en muchos otros países de Europa pues se trata de compartir un coche con algún desconocido que contactas en una página web y pagar parte de los gastos del trayecto por lo que el costo es generalmente mucho menor al del tren. Esta vez, solamente encontré a un conductor que manejaba un camión tipo tráiler que hacía el mismo trayecto que yo quería hacer por lo que hice mi reservación.

Llegado el día, fui a esperar en el sitio donde habíamos acordado que me recogería que fue a un lado del estacionamiento de la estación del tren. Tuve que esperar como media hora pues se le hizo tarde y yo estaba medio preocupado porque mi francés no era muy bueno por lo que no sabía sí me habría equivocado de lugar y no estaba seguro de cómo era el coche. Luego de una larga espera y de unos cortos SMS llegó el camión, se detuvo y se bajó un señor como de unos cuarenta y tantos, delgado de piel clara y vestido medio fachoso, algo que esperaba luego de ver su camión. Me dijo que subiera mi maleta atrás que había mucho espacio y abrió la caja donde llevaba su cargamento, el cual eran como piezas grandes cubiertas con mantas. Dejé mi maleta y me subí en el asiento del pasajero. Empezamos a intentar llevar una conversación pero le dije que mi francés estaba muy limitado por lo que me tendría que tener paciencia. Lo primero que se mi hizo raro fue que luego de ir por varias calles pequeñas y glorietas, empezó a maldecir un montón, principalmente diciendo “¡maldito país de mierda! ¡Por qué no ponen letreros en ningún lado!” Al final se tuvo que bajar a preguntar a un como taller mecánico que había por ahí el cual le dio las direcciones adecuadas y logramos salir a la autopista. Durante el trayecto íbamos hablando de varias cosas entre las que pude entender solo algunas como cuando le pregunté que más o menos en cuánto tiempo íbamos a llegar a lo que él me respondió que no estaba seguro, tal vez unas ocho horas pero a él no le importaba mucho, ni siquiera usaba reloj porque según él, siempre tenía tiempo y los relojes son para las personas que no lo tienen.

En otra de las conversaciones me preguntó acerca de mis orígenes, los cuales le conté como pude y luego él me contó acerca de su vida. Resulta que nació en Francia y vivió ahí hasta su adolescencia cuando su familia se mudó a Algeria donde tuvo contacto con un tipo de vida totalmente diferente y decía que eso lo hizo un hombre de mundo. Él no creía en pasaportes ni visas ni nada de eso y decía que el mundo debería de estar abierto para todos y que él no es de ninguna nacionalidad, simplemente es un ciudadano del mundo y eso es lo que responde si le preguntan.

Durante el viaje también se puso a gritar muchas veces con la mirada hacia el cielo y maldiciendo a dios lo cual me divirtió mucho pues aprendí algo de vocabulario florido.

Después de una parte del trayecto llegamos a una gasolinera en la que recogió a otro señor también en sus cuarentas que había reservado el mismo viaje. Se sentó en el asiento de en medio del camión, junto al conductor por lo que se pusieron a platicar entre ellos y me dieron un descanso de mi sesión intensiva de francés. Estaba cansado y las voces me arrullaban por lo que me quedé dormido y cuando desperté lo primero que ví fue al conductor fumando y me llegaba el olor característico de la marihuana. El otro pasajero me preguntó si estaba cansado, como queriendo hacer conversación a lo que respondí que sí y luego, al ver que mi francés era limitado, empezó a preguntarme las mismas cosas que el conductor acerca de mi historia en un inglés regular con el fuertísimo y típico acento francés.

Otra de las conversaciones fue cuando el conductor nos explicó que lo que llevaba en la parte de atrás del camión era una serie de esculturas que hizo él mismo con desechos de metal y cosas que encontró para exponerlas en una galería en París por unos días. También alcancé a entender que muchas veces usaba ese camión junto con un grupo de amigos hippies para vivir y hacer sus obras.

Luego de varias horas y nada más interesante ocurrido, entramos a París y empezó el tráfico pesado. Cada vez que nos deteníamos, fuera por un coche que se atravesaba o simplemente por un semáforo en rojo, el conductor empezaba a gritar de groserías por la ventana a todo lo que se atravesara mientras el pasajero y yo nos quedábamos callados viendo al horizonte.

Después de un buen rato, ya que estaba oscureciendo, entramos a una calle angosta con coches estacionados a los lados de las banquetas cubriendo toda la calle y espacio sólo para que pasara un coche a la vez. El conductor dijo “Aquí es mi parada” el pasajero le preguntó que si tenía que descargar esa misma noche sus obras a lo que él respondió que sí y luego le preguntó que cómo planeaba hacerle si no había lugar para estacionarse y su respuesta fue “si no hay lugar, aquí es mi lugar” frenó, puso el freno de mano en media calle, abrió la puerta y empezó a abrir el camión para darnos nuestro equipaje. El pasajero le preguntó que cómo le iba a hacer si estaba bloqueando a toda la gente de atrás y él dijo “si quieren moverse rápido pues me van a tener que ayudar”. Nos dimos la mano y le dimos las gracias, agarramos las cosas y nos fuimos viendo la línea enorme de coche que ocupaba toda la calle y una señora por la ventanilla nos dijo “qué están haciendo” a lo que el señor que fue el pasajero respondió “va a descargar, se va a tardar un rato, nosotros no lo conocemos, nada más compartimos el coche” y la señora solo sacudió la cabeza y dijo “no es posible”. El señor me dijo “mejor vámonos rápido que en cinco minutos esto se va a poner violento” y nos fuimos a buscar una estación de metro donde nos despedimos y cada quien se fue por su lado.



Notre Dame desde el camino a un lado del río Sena

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