• Mario Alberto Gonzalez Robert

(Estambul, Turquía) El hostal dudoso

Llegué al aeropuerto de Sabiha Gökcen un soleado y caluroso día de verano. Lo primero que hice fue buscar a una amiga que trabajaba ahí, a quien conocí en una página web para aprender idiomas, sin embargo, no tuve éxito pues es complicado encontrar a alguien en un aeropuerto con tanto movimiento.


Entonces decidí ir a buscar la manera de llegar al centro de la ciudad para buscar mi hostal, dejar las maletas e irme a pasear. Encontré un shuttle que me dejaría cerca del parque Taksim (donde tuvieron lugar las manifestaciones). Se me hizo algo similar la manera en la que manejan las personas allá que en la ciudad de México, todo caótico y algo agresivo. El conductor del shuttle iba bastante rápido y cerrándosele a otros coches hasta que encontramos uno en la carretera que iba manejando haciendo zig-zags, por lo que tuvo más precaución hasta que lo pasamos.


Una vez que llegué a mi parada, tenía que averiguar dónde estaba, pues gracias a varios trabajos que estaban realizando alrededor del parque, el shuttle nos dejó en un lugar diferente al que normalmente lo hacía por lo que acabé bien desorientado y tuve que ir a preguntar a una pequeña cafetería, donde también comí porque moría de hambre, y el señor logró ubicarme muy fácilmente en mi mapa del ipod.


Escogí mi ruta hacia el hostal y caminé por calles algo extrañas que no se veían muy seguras y donde la gente se me quedaba viendo raro, además eran muy pequeñas y fue un poco difícil encontrar el camino adecuado. Después de todo, logré llegar al hostal, un edificio muy normal con unas escaleras a la entrada donde había un grupo de borrachos y drogadictos sentados perdiendo el tiempo, lo que me hizo pensar “Maldición, tendré que buscar otro hostal”. Decidí entrar y darle una oportunidad, el staff era muy amable y por dentro todo estaba bastante normal, solo esperaba que no me tocara compartir habitación con la gente de la escalera y por suerte, no ocurrió.


Conocí a un alemán en el cuarto quien también llegó el mismo día, hablamos un poco y me dijo que se aburría mucho en Alemania porque todo está demasiado controlado y perfecto, por lo tanto fue a Estambul a buscar aventuras y su plan era perderse por la ciudad para ver que encontraba. Yo ya había planeado encontrarme con otra amiga del mismo sitio web por lo que cada quien se fue por su parte. La conocí y me llevó a pasear un poco seguido de una deliciosa comida en un restaurante típico turco en la calle Istikal que es la principal para ir de compras y de turista.


Cuando regresé al hostal me encontré al alemán otra vez, le pregunté acerca de su día y me dijo que fue a dar la vuelta por las callecitas y callejones que estaban alrededor del hostal, cerca de Istikal, donde encontró unos edificios con mujeres que le hacían señas sugestivas con la lengua diciéndole que se acercara pero él pensó “si no estuvieran tan usadas, hubiera ido”. Otro día que platicamos de nuevo, me contó que salió en la noche a caminar y de repente un tipo le preguntó que si le gustaba bailar, él respondió que sí y el tipo le dijo que lo siguiera. El alemán accedió, lo fue llevando por un montón de callecitas hasta que le dijo que mejor ya no, porque se iba a perder, pero el tipo le dijo que ya estaban cerca. Se metieron luego a un edificio y ahí descubrió que con “bailar” se refería a ver mujeres bailando desnudas frente a él. Dijo que fue chistoso, yo solo le respondí que se me haría peligroso seguir a un desconocido en medio de la noche pero que parecía haber sido una experiencia interesante.


Durante mi estancia conocí a un amigo de la chica del sitio web quien me enseñó un montón de lugares alrededor de Estambul y estaba contento de practicar su español. Un día me invitó a una reunión de Couchsurfing de gente que aprendía español donde pude conocer a varios turcos muy amigables quienes me dijeron que sería muy fácil encontrar trabajo dando clases particulares de mi idioma y que mucha gente hacía eso para quedarse más tiempo, pero desafortunadamente ya tenía planeada la continuación de mis viajes.

Otra cosa muy buena que me tocó cuando estuve allá, fue el festival de cultura coreana gracias a la cual, tenían muchos espectáculos gratuitos por todas partes del centro y tuve la oportunidad de ver un concierto de una cantante coreana excelente, una muestra de danza tradicional turca y hasta exhibiciones de artes marciales con equipos tanto turcos como coreanos, todo en frente de las impresionantes mezquitas.


Lo que nunca se me va a olvidar son los atardeceres desde el ferry con vista a la ciudad, silueteada por el fondo de tonos naranja, rojos y amarillos, y la brisa del mar en mi cara. Intenté subirme a los ferrys lo más que pude, aunque acabara dando más vuelta para ir de un punto a otro, porque es el mismo precio el que se paga por cualquier transporte con su tarjeta Istanbul card, a la cual se le recarga el saldo en muchos puntos alrededor de la ciudad y no es muy caro.


Por último, para salir de Estambul tomé un tren hasta Bucarest en Rumania, un viaje de alrededor de 20 horas que definitivamente es demasiado tiempo en un tren.


Vista desde el ferry en el Bósforo

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