• Mario Alberto Gonzalez Robert

Escandinavia - Yendo y viniendo entre Dinamarca, Noruega y Suecia.

Mientras estaba en Suecia planeando lo que haría después, estaba pensando en ya no ir a Noruega porque todo el mundo me advertía lo caro que es y mis ahorros ya estaban bastante bajos. Empecé a buscar helpx en Noruega y Dinamarca, poniendo más énfasis en el segundo cuando de pronto recibí un mensaje positivo de unos anfitriones en Dinamarca diciéndome que tenían que ir a Noruega para hacer unas cosas y en ese momento estaban en Suecia por lo que me podían recoger ahí mismo y llevarme a dar la vuelta entre los tres países por lo que decidí que me iría con ellos.


Se trataba de un matrimonio, el señor noruego de 75 años y la señora galesa de 70, quienes vivían normalmente en un pueblo pequeño en el norte de Dinamarca pero tenían una casa de vacaciones en Almería, otra en Suecia, la de la señora en Gales y ahora también la del hermano que acababa de fallecer en Noruega.


Entonces la razón principal del viaje a Noruega era que había que mover unos muebles entre la casa de Dinamarca y la del hermano difunto de hacía unos dos meses.


Lo curioso del caso es que hasta después de un mes del fallecimiento, le avisaron a mi anfitrión de lo ocurrido aparte de que le llegó la cuenta de la cremación y la lápida, por unas cinco mil libras, que iban a poner en algún cementerio en Noruega. Resulta que el hermano tenía una chica que le ayudaba a limpiar la casa y a hacer algunas otras tareas, pues el hermano ya estaba senil y tenía Alz Heimer, y ella fue quien decidió que lo cremaran y pusieran sus cenizas junto a los restos de los familiares de ella, todo esto sin decirle nada a mi anfitrión.


La casa era bastante grande y en un club de golf con vista a algunos de los greens y un pedazo de bosque. El hermano era un apasionado del golf y todo en la casa tenía que ver con eso, tenía cientos de palos diferentes, miles de pelotas, una taza de baño con incrustaciones de pelotas y tees, y todo el equipo imaginable pues aparte de todo tenía bastante dinero.


Me contaron también que tenía a una amante tailandesa a la que le enviaba mil euros mensuales para mantenerla mientras ella vivía en Tailandia y él la visitaba de vez en cuando.


Algo de lo que se quejaba mucho mi anfitriona era que el abogado del hermano tenía la llave de la casa por lo que podía entrar y salir cuando quería con total libertad, sin que nadie se diera cuenta y casualmente no encontraban rastros de la cartera, joyería, dinero y algunos aparatos electrónicos como el reproductor DVD.


En Noruega estuvimos algunos días limpiando, arreglando el jardín y subiendo cosas a la camioneta para llevarlas de una casa a otra. En la casa de Dinamarca casi no había nada que hacer, podé el pasto, ayudé a limpiar algunas cosas sencillas y nada más.

Un día en Dinamarca me preguntaron si quería tomarme el día libre e ir a conocer un pueblo con playa llamado Løkken. Me llevó el señor en la mañana, me dejó en el estacionamiento de la oficina de turismo y me dijo que nos veríamos ahí cuando los llamara para recogerme. El pueblo es muy bonito, con una playa bastante amplia, llena de bunkers que construyeron los nazis en la guerra y que ahora se están hundiendo en la arena. Iba buscando ámbar en la playa pues dicen que se pueden encontrar piedras por ahí y encontré varias de color amarillo un poco traslucidas que luego de investigar descubrí con decepción que se trataba de pedernal y no ámbar.


En mi último fin de semana con mis anfitriones, habían planeado una venta de antigüedades en un pueblo en Noruega llamado Grimstad con el objetivo de librarse de un montón de baratijas que tienen regadas por todas sus casas, principalmente la de Dinamarca y la casa de verano de Suecia.


Luego de un jueves de empacar, planear y demás, la señora decidió que nos iríamos temprano, por ahí de las nueve de la mañana, para llegar a buena hora sin prisas al camping que teníamos reservado y estaba a unos veinte kilómetros de la feria de antigüedades en un pueblo llamado Lillesand para de ahí ir a la feria, descargar la camioneta y preparar todo para el día siguiente.


La mañana del viernes, después de alistarnos, como a las diez y media íbamos apenas saliendo, nos subimos a la camioneta, el señor arrancó, escuchamos un ruido extraño, el señor se preguntó que qué podría haber sido a lo que la señora con su mismo tono de quejas y reproches de siempre, le dijo que seguro se le había olvidado cerrar la puerta de la cajuela o quitar el freno de mano o algo más como de costumbre. El señor se bajó con su cara de enojo y hartazgo como de costumbre, porque dijo que no recordaba lo de la puerta, regresó, arrancó y justo al intentar dar la vuelta para salir a la calle dijo que no podía darle la vuelta al volante. Ahí la señora se desesperó y le empezó a gritar como siempre “¿¡cómo de que no puedes darle la vuelta!? ¿¡Qué estás haciendo mal!?” - “¡No estoy haciendo nada, no puedo darle la vuelta al volante! ¿¡Te puedes callar!?” ¡bla bla bla! Se echó en reversa metiéndola de nuevo al patio para intentar maniobrar cuando de pronto vi unas piezas que parecían de coche aparecer de debajo de la camioneta y les avisé. Apagó el coche, nos bajamos y vimos que había una como rueda con dos como bandas negras en el suelo. En ese momento, mi anfitrión todo exasperado dijo “Se acabó, desempacamos” y la señora seguía hablando todo el tiempo, como siempre, increíblemente estresada, por lo que ya no le puse atención, además de estaba intentando contener la risa que amenazaba con brotarme justo enfrente de ellos en plena situación de crisis.


Llamaron a la compañía del seguro quienes les dijeron que buscaran un taller donde llevar el coche a lo que mi anfitriona dijo que era ridículo pues si los de la aseguradora no envían una grúa y llevan el coche ellos mismos, entonces para qué sirven. Al final accedieron a enviar a alguien diciendo que llegaría en una hora. Tres horas después, llegó una grúa y se llevó la camioneta con mis anfitriones, quedándome solo en casa unas horas. Regresaron después en una camioneta no mucho más nueva que la suya, que la empresa les había rentado por el módico precio de cinco mil coronas (500 libras aprox.)


Ir en esta camioneta con el señor manejándola era una actividad de alto riesgo pues como ésta tenía el volante del lado izquierdo pero él estaba acostumbrado a manejar con su camioneta británica, se orillaba muchísimo al borde de las carreteras, a veces saliéndose por momentos.


Al final de mi estancia, me quedé sólo el último día con el señor en su casa en Dinamarca, pues la señora tuvo un vuelo a Londres el día anterior, y justo antes de irnos a la estación de tren me dijo “Espero que te la hayas pasado bien durante tu estancia aquí y perdón por mi esposa, fue asquerosa, ¡uuugh!” Esta vez pude nivelar mi risa a un nivel socialmente aceptable, él también sonrió, tomé mis cosas y nos fuimos, llegué al tren con el tiempo exacto y partí.


Otros remarques

Una de las cosas que absolutamente todos los que se enteraban de mis planes de viaje a Noruega decían era lo caro que es y pude comprobarlo las veces que fui al supermercado con mis anfitriones cuando por ejemplo, fuimos a comprar sal y una pequeña cajita (no recuerdo cuantos gramos) un poco más pequeña que la palma de mi mano, costaba 27 coronas o algo así como 2.7 libras y un paquete con 6 manzanas costaba 36 coronas o 3.6 libras.


Otros ejemplos fueron los precios ridículos de los daños del coche como las 7 mil coronas por la pieza del coche nueva y 5 mil por la renta de una camioneta (700 y 500 libras aprox.) o el precio de la lápida para enterrar las cenizas del hermano con una factura por 5000 libras.


Vista de un lago en Dinamarca

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