• Mario Alberto Gonzalez Robert

(Bruselas, Bélgica) La aventura en el kot

Mi hermano llegó a Bruselas a finales de diciembre luego de un viaje de diez horas y media. Mi primo (quien había vivido ahí varios meses) en aquel entonces, se había ido a probar suerte en un trabajo en los Alpes al sur de Alemania, pero nos dijo que nos podíamos quedar en la habitación que solía rentar antes, algo denominado en Bélgica “kot”, que es como una casa muy grande con muchas habitaciones donde rentan varias personas, normalmente estudiantes y comparten la cocina, baños y un área común. Él había desocupado ese cuarto pero nadie lo había tomado todavía y el dueño casi nunca estaba ahí por lo que planeábamos quedarnos una noche antes de empezar nuestro gran viaje en tren. Además todos los compañeros del kot ya me conocían y eran amigos de mi primo así es que por ellos no había ningún problema que nos quedáramos.

Llegamos del aeropuerto, nos abrió el amigo belga, subimos al cuarto y mi hermano, que estaba muy cansado se acostó en la cama y se durmió un rato en lo que yo estaba sentado a un lado revisando facebook y cosas en internet para planear el viaje. Luego de un rato, escuché un ruido en la puerta, volteé y vi que se abrió. Ahí estaba el dueño, quien con cara de confusión dijo “¿y ustedes quiénes son?”. Yo, sorprendido, no sabía qué decirle y él continuó “no se quienes son ustedes pero aquí están los nuevos inquilinos, vienen con sus cosas para mudarse y firmar el contrato por lo que tienen que salirse ya”. Le empecé a explicar que estábamos ahí porque éramos los primos del anterior inquilino y el amigo belga nos dijo que no había problema con quedarnos esa noche, por lo que dijo “ah entonces es su culpa” y tocó su puerta la cual estaba justo enfrente. Abrió con cara de sorpresa y resaca de la noche anterior, el dueño le preguntó si nos conocía, él respondió igualmente que éramos primos del anterior locatario, el dueño le dijo que no podía dejarnos pasar la noche sin pedir ninguna autorización en uno de los cuartos desocupados y que hablarían después acerca de esta situación, mientras tanto, teníamos que salir cuanto antes.

El amigo belga nos dijo que fuéramos a la cocina para ahí pensar qué hacer, entonces, mi hermano medio dormido y yo empezamos a arreglar las cosas para bajar a la cocina donde nos encontramos con el belga quien después de una breve conversación nos dijo “¿saben qué? Quédense a dormir en la recámara de abajo, esa siempre está desocupada y todo el mundo la usa para los invitados, además el dueño ya se fue y normalmente no regresa el mismo día”. Luego nos dijo que dejáramos nuestras cosas en su propia habitación para que estuvieran más seguras, él dejaría la puerta abierta para que pudiéramos entrar y tomar lo que necesitáramos. Lo hicimos y luego nos fuimos a aprovechar el resto del día a pasear por Bruselas. Cuando llegamos en la noche, por ahí de las 21:00, fuimos al cuarto del belga a sacar nuestras cosas y descubrimos que la puerta estaba cerrada con llave. Encontramos a otro amigo de mi primo que vivía ahí, un español y le pregunté si sabía dónde estaba el otro porque nuestras cosas estaban en su cuarto a lo que respondió que se acababa de ir de fiesta y no sabía a qué hora regresaría. Intentamos contactarlo por teléfono pero probablemente no tenía batería.

Le pregunté si sabía alguna manera de abrir la puerta pues teníamos un vuelo como a las 8am del día siguiente pero me dijo que no, solo quedaba esperar. Por ahí de media noche, subí de nuevo a ver si ya había llegado pero no tuve suerte y decidí ya irme a dormir para despertar más temprano al día siguiente y ver qué hacer si aun no regresaba.

La mañana siguiente nos despertamos como a las cinco y fuimos a revisar de nuevo el cuarto. Tocamos la puerta y otra vez nadie contestó siguiendo la puerta cerrada con llave. Pensábamos en maneras de abrir la puerta, probamos la técnica de deslizar una tarjeta pero nada, intentamos empujar la puerta con fuerza pero parecía que el marco se iba a romper por lo que creímos que no sería buena idea dejarlo sin puerta ya que eso le causaría más problemas. Sin saber qué más hacer, despertamos al español quien salió con cara de desvelado a intentar pensar en otras formas de abrir. No hubo muchas opciones hasta que al final, se le ocurrió que pasando por su ventana, tal vez se podría llegar a la del belga para revisar si estaba abierta y entrar por ahí. Viendo que no había más opciones, decidí hacerlo así es que me quité los zapatos para no ensuciar sus camas y salí por la ventana del español, pisando por la canaleta del cuarto piso del edificio al borde del precipicio, di unos pasos y llegué a la otra ventana, la empujé y con alivio vi que estaba abierta. Entré por ahí, me dirigí a la puerta y la intenté abrir por dentro sin éxito pues la cerradura era de llave por los dos lados, por lo tanto, vi que la única opción sería pasar las maletas de ventana a ventana por la canaleta. Cargué una por una, las cuales pesaban algo así como diez kilos cada una, caminé cuidadosamente por el borde y le pasé al español las mochilas mientras mi hermano me tomaba fotos muy divertido. Entre nuestro equipaje estaban mis zapatos viejos que ya estaban bien dañados y hasta un golpe de hacha tenían, pero eso tal vez lo deje para otra historia, y esos decidí dejárselos ahí como souvenir.

Una vez terminada la hazaña, cerré la ventana de nuevo y regresé al interior del edificio, tomamos nuestras cosas, le di gracias al español, quien me dijo que no le contaría nada al belga porque quería ver su cara cuando viera que las cosas ya no estaban ahí pero todo estaba cerrado como si nada hubiera pasado, nos despedimos y nos fuimos al aeropuerto sin más problemas.


Vista del Atomium en Bruselas

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