• Mario Alberto Gonzalez Robert

Bélgica: Mesnil-Eglise

Una vez encontré un anuncio en helpx en la parte francófona de Bélgica en un pequeño pueblo llamado Mesnil-Eglise, en casa de un galés retirado que quería renovar su casa y pensé que sería una buena oportunidad para mejorar mi francés y practicar mi inglés.

Como normalmente ocurría en mis viajes, llegué a la estación de tren y me recogió en su camioneta con su perro. Platicamos un rato y parecía ser una persona agradable. Me contó que estaba interesado en las recreaciones de batallas medievales y festivales de este tipo para los cuales construía carpas como oficio.

Cuando llegamos a la casa me explicó que había solo un pequeño problema, este era que no había baño pues estaba en proceso de remodelarlo o más bien construirlo, así es que cuando tuviera que ir al baño tendría que usar el jardín o el pequeño “baño seco” que había frente a la casa el cual era simplemente una cabina a medio construir, sin techo, una especie de letrina con una cubeta donde había que echar tierra o aserrín después de hacer mis necesidades. Para bañarme tendría que ir a preguntarle a los vecinos a ver si alguno me permitía hacerlo en su baño.

Mi cuarto era bastante grande, viejo y vacío con una cama doble y un buró. La vista desde la ventana daba a un cementerio.

La casa estaba dividida en dos por el pasillo que tenía las escaleras. Todas las puertas del otro lado estaban normalmente cerradas pues en la otra mitad de la casa vivía una señora con sus dos hijas adolescentes a quienes no les gustaba tener contacto con mi anfitrión más que cuando necesitaban ayuda con algo, según él. Ellas eran quienes tenían el modem y lo cortaban temprano cada noche porque, según mi anfitrión, la señora decía que era alérgica a las ondas que producía y le daba dolor de cabeza.

Poco después de conocernos, cada conversación que teníamos estaba repleta de quejas acerca de su vida, lo pobre que era y de todo a su alrededor. Me explicaba que era tan pobre que tenía que quedarse a vivir en esa casa a cambio de arreglarla pues ese había sido el trato en el que había quedado con el dueño, por lo que básicamente yo era el voluntario de un voluntario.

Una de las tareas que me puso a hacer fue cavar una zanja que iba desde la pared de la fachada hacia el jardín para que pudiera luego poner tuberías que pasarían por dentro de la casa llegando al nuevo baño. En lo que yo trabajaba en eso, él se fue a sacar a pasear a su perro y a hacer otras cosas. Yo tenía todas las herramientas en el suelo alrededor de mí pues las seguía utilizando y cuando llegó lo primero que hizo fue quejarse de que no las tenía ordenadas diciendo “tienes que tener las herramientas en orden porque si me tropiezo con ellas no me va a hacer gracia”. Luego comentó que la zanja se veía bien y dijo que era todo por ese día. My siguiente tarea fue la de hacer un hoyo en la pared de la fachada para pasar por ahí la conexión de la tubería, el único problema era que la pared era de piedra y muy ancha por lo que era bastante difícil de penetrar. Pasé varias horas intentándolo hasta que por fin logré hacer un hoyo de una anchura suficiente como para poder hacer pasar apenas el tubo. Él no parecía tan satisfecho pero dijo que no se podía hacer mucho más.

Una de las veces que comimos el lunch que él preparó, me ofrecí para lavar los trastes, me levanté de la mesa, tomé los platos sucios y los puse en el lavabo para empezar. Justo cuando hice esto lo primero que me dijo fue “¿qué tu mamá no te enseñó a meter la silla bajo la mesa cuando te levantas?” Yo solo respondí con un “ah ok, perdón” y no le di mucha importancia.

Cada tarde lo único que él hacía era sentarse frente a la tele. A mi se me hacía demasiado aburrido y era difícil encontrar temas de conversación por lo que prefería irme a mi cuarto a aprovechar las pocas horas de internet, a dibujar o salir a conocer el pueblito.

Luego de la tarea del hoyo en la pared, me dijo que no tenía nada más que ponerme a hacer ese día así es que podía ir al taller del pueblo a ayudar a los vecinos. Ellos solo hablaban francés por lo que fue una muy buena e intensiva práctica y la verdad es que eran bastante amigables. Les ayudé a limpiar el taller, a cargar cosas de un lado a otro y luego de un rato uno de ellos me invitó a comer a su casa que se encontraba a un lado del lugar. Luego volvimos a trabajar un poco más. Cuando volví a casa de mi anfitrión ya era la hora de la cena, él ya había comido, le pregunté si había sobrado algo para mí y me dijo que todavía había estofado en la olla. Fue a la cocina y la puso a calentar y mientras lo hacía me dijo “¿sabes? Cuando trabajas para alguien más ellos deberían alimentarte, no yo” a lo que yo respondí que sí comí con ellos pero a la hora del lunch. Luego de eso ya no hablamos más y se fue a ver la tele. Después mencionó que estaba muy estresado porque tenía que hacer una carpa medieval y no llevaba todavía nada por lo que iba a tener que trabajar toda la noche.

El día que le pregunté cómo podía hacerle para bañarme me dijo que había que preguntarle a una vecina. Yo tomé mis cosas y fui al corredor, le pregunté si iba con él y me dijo que no porque sería muy embarazoso si decía que no y yo estaba ahí listo. Me quedé esperando y luego de un rato regresó y me dijo que no había problema y podía ir. La vecina se portó muy amable, me enseñó el camino al baño y hasta me dijo que podía tomar shampoo y jabón si necesitaba y me dio una toalla. Cuando terminé me dijo que podía regresar cuando necesitara y no había problema.

Sentía que la situación era demasiado incómoda así es que decidí irme de ese lugar mucho antes de lo planeado. Estuve ahí 5 días hasta que al día siguiente mi anfitrión tenía que irse muy temprano a otro pueblo. Le pregunté la noche antes si pasaría por la estación de tren a lo que me dijo “quieres saber si te puedo llevar ¿no? Sí, pero tienes que estar listo muy temprano o me voy sin ti”. Le di las gracias y le dije que estaría a tiempo.

De camino a la estación no intercambiamos ni una sola palabra. Al llegar, tomé mis cosas, le di las gracias por su “hospitalidad” de la mejor manera que pude y él solo asintió con la cabeza y se fue.

Después durante mis viajes, cuando regresé a Agrochatka en Polonia, conocí a un inglés como de mi edad que me contó que estuvo en un helpx algo raro en Bélgica en un pueblito de la región flamenca llamado Diest. Recordé que mientras buscaba más helpx por ahí había visto esa oferta, la cual trataba de trabajar en un ex monasterio donde vivía una comunidad que intentaba ser autosuficiente y me pareció interesante, hasta que vi que el nombre del encargado era el mismo de Mesnil-Eglise. Le pregunté al inglés si había conocido a mi anfitrión y me dijo sorprendido que sí, no lo podíamos creer. Él se había quedado en el monasterio dos semanas interactuando con varios belgas que vivían ahí y que todos tenían sus filosofías algo extrañas pero eran bastante amigables, excepto por el galés que siempre se quejaba de todo.

Hablamos un rato acerca de él, le dije que no lo llegué a conocer mucho, que solo sabía lo de las recreaciones medievales, que tenía varios arcos y espadas en su casa, una colección de saxofones que arreglaba para venderlos, acerca del hoyo en la pared, etc. El inglés, riéndose, me dijo “sí, es increíble la cantidad de basura que alguien puede cargar en su camioneta. Un día me hizo cargar todas sus espadas, herramientas y demás cosas de su camioneta al departamento al que se mudó. Entre sus cosas había un uniforme de marinero de niño pequeño y el kit de herramientas de Bob el constructor, que por alguna razón llevaba a todas partes en su coche”. Me dijo que habló tambén varias veces acerca de su vida. Según la historia, se escapó de Gales porque se acostó con una niña de 14 años cuando él ya era un adulto maduro y el padre de la niña lo quería llevar a juicio. De ahí se fue a Francia donde trabajó en varios hoteles de ski como cocinero así como los eventos medievales. Acabó en Diest cuando su camioneta se descompuso y no tenía a donde ir por lo que se unió a la comunidad del ex monasterio donde luego conoció a una mujer y se mudó a su apartamento. Al final se volvió a ir, nadie sabe a donde o qué pasó con él. Habían dos hipótesis, una era que había vuelto a Francia a trabajar en algún ski resort y la otra que está en la cárcel.

Nos reímos mucho con la historia, especialmente cuando le conté lo del hoyo que me puso a hacer en la pared y me dijo que a él también lo puso a hacer un hoyo en la pared del apartamento para hacer alguna renovación justo antes de fugarse, así es que al parecer le gusta irse moviendo y agujereando las paredes de la gente.

Luego de varios meses, otra vez en Agrochatka, conocí a una pareja de andaluces como de mi edad, quienes me contaron que igualmente estuvieron en el ex monasterio de Diest y conocieron a la gente rara que vivía ahí aunque realmente no tuvieron malas experiencias con ellos, solo dijeron que ya se habían cansado bastante del lugar y se querían ir pronto.

Esa ha sido mi “no tan buena” experiencia como voluntario.


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